domingo, 1 de mayo de 2016

¿Qué haría hoy Don Quijote con los molinos? "Algo peor que gigantes"

Capítulo  . De cómo Don Quijote y Sancho Panza lidiaron con algo peor que gigantes.

 En ésto que fueron pasando los siglos, y Don Quijote y Sancho Panza siguieron caminando y viviendo aventuras. Hasta que llegaron al siglo XXI, y se toparon con unos seres similares a los que tiempo atrás se habían ya enfrentado...


  • Dime si miento, querido Sancho, pero lo que allí a lo lejos mis ojos ven, bien se parecen a un centenar de enormes gigantes.


  • No sé amo mío -dijo Sancho-. Ya sabe que yo no soy mucho de hacer juicios sin conocer, pero si mi memoria y sentidos no me fallan, paréceme a aquellos molinos de viento que vuesa merced un día confundió con sendos gigantes, mas no eran más que molinos de piedra.


  • De ninguna manera, mis sentidos no me fallan todavía y éstos seres son mucho más altos y de una tez más plateada. Alzaré mi lanza y atravesaré con ella a cada ser infame que se atreve a morar por estas lides a sus anchas.


 Nuestro caballero, preparándose para la batalla -una más de las tantas que ha librado- se dispuso en posición de combate. Y con tan sólo una mirada, Rocinante emprendió la marcha hacia el primero de aquellas bestias.


  • ¡Por todos los dioses! Si que tienen dura la piel estos gigantes, parece hecha del mismo metal que mi lanza.


  Seguidamente, sin pensárselo, procedió a realizar otro ataque, sin más resultado que un buen golpetazo.


  • Mi señor -dijo Sancho- ¿No será mejor ir a buscar ventura a otra parte? paréceme que estos seres están encantados o algo pues vuestras embestidas no le hacen resultado.


  • No querido Sancho, imposible, soy un caballero y como tal está marcado en las reglas de caballería que debo defender y proteger a todo el mundo que me sea posible hasta que perezca.


    Don Quijote se estaba volviendo a preparar para realizar una tercera embestida, cuando de pronto…


  • Por Dios, pare de una vez. ¡Va usted a arruinarnos el negocio! -dijo una voz que apareció de la nada-


  • Arruinaré un negocio, ¡mas salvaré decenas de vidas cuando consiga quitar el aliento a todas estas bestias!


  • Está usted loco, ésto no son bestias, son molinos de viento eólicos, producen electricidad con el viento...


  • Oh, entonces mi amigo Sancho Panza tenía razón, y ésto con que me encuentro es algo peor que gigantes, ¡es magia, hechicería!


  • Déjese de bobadas. Soy el alcalde de ésta ciudad a la que pertenecen estos molinos. Y gracias a que los pusimos, ganamos las elecciones. Ya sabe, a la gente le gusta que le digan eso de que estamos comprometidos con el medioambiente y esas chorradas, aunque luego en la práctica nos importe menos que un rábano. Así que más le vale no estropearlos o me tocará poner unos nuevos.


  • Perdóneme buen señor, pero si usted es gobernador de este territorio -inquirió Sancho- ¿no tendría para bien preocuparse un poco más de sus conciudadanos y de verdad estar un poco más preocupado por el medioambiente? Así no tendría que fingir ni...


  • Majaderías, memeces, patochadas. Yo aquí sólo he venido a hacer provecho de mi mismo en exclusiva. Pero no se preocupen, en cuanto me jubile, ya les llamo para que destruyan estos molinos que a mi ya no me harán más falta…


  En ese preciso momento, Don Quijote recuperó momentáneamente la cordura.


  • En tal caso -contestó Alonso Quijano-  ciertamente nos hemos equivocado de enemigo, compañero Sancho. Aquestos gigantes de viento que hacen de este mundo un lugar un poco más limpio no son los bellacos tras que andábamos, sino este malvado, que a costa de su propio bien es capaz de cualquier cosa… incluso el de hacer el bien al prójimo aún cuando eso es lo que más detesta. Así que, ésto es lo que haremos, nos lo llevaremos a nuestro tiempo, para que sea juzgado acorde a las leyes de caballería ordenan, y así sea ajusticiado como se merece.


  Entre Sancho y -ahora sí- Don Quijote, ataron bien al político en particular, que podría ser cualquiera en general. Y mientras caminaban, iba recordando Sancho a Don Quijote una frase que en su día salió de su boca…

  • Y es que, vuesa merced, parece que el tiempo pasa por todos menos por España. Sigue tan antigua (o nueva, depende de como lo mire), como siempre. Y qué vamos a hacer nosotros, pues cada uno es como Dios le hizo, y aún peor muchas veces.

  • Cuánta razón tienes a veces, amigo Sancho. Cuánta razón. Mas nuestro cometido es no desesperar ni decaer. Pues debemos dar un ejemplo para intentar cambiar el mundo y hacerlo un poco mejor. Que no es locura ni utopía, sino justicia.






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