viernes, 12 de febrero de 2016

Frivolidades




Un día cualquiera te levantas y un dato se estampa en tu cara dejándote nockeado: se estima que unos 10.000 niños sirios que han llegado a Europa a duras penas han sido secuestrados por una red mafiosa. Tú te tomas tu desayuno tranquilamente con la radio encendida, hasta que oyes otra cosa que te deja más absorto aún: eso de que son 10.000 niños es una falsa información que nos dan para que la sociedad se alarme.


Entonces la magdalena que estaba llegando a tu paladar se queda cinco centímetros por encima de tu taza, y tus neuronas empiezan a hacer sinapsis para que dentro de tu cerebro puedas contestar a la pregunta siguiente: ¿qué es más frívolo dar un dato estimado, o cuestionarlo alegando que en realidad pueden no ser 10.000, sino 9.367?


Entonces, vas y miras el reloj. Te tienes que marchar (para algo has madrugado, ¿no?). Pero en tu cabeza sigue navegando esa idea que has escuchado antes, y piensas en lo peligroso que es cuestionarse el número. ¿Que más darán 500 niños arriba o abajo? Lo que de verdad es terrible es que la gente centre su atención en el número y no en los niños. Que se alarmen porque “nadie tiene información suficiente como para determinar su número exacto”, y en cambio no digan nada acerca de que pueden ser 1.000 o 9.000, pero son vidas de seres humanos, ya que aunque a muchos les cueste reconocerlo, los inmigrantes no son otra especie distinta de la nuestra, tienen nuestros 46 cromosomas y todo. Ya que te has puesto irónico, te das cuenta que, de repente, todos esos periodistas que no saben lo que es una matriz o una derivada, de repente son los paladines de las matemáticas y de la pulcritud. Curioso.

Pasan los días y, como pasó con Charlie Hebdo o lo que pasó en la sala Bataclan de París, las aguas se van calmando (no las del mediterráneo en donde sigue ahogándose gente, sino la de las conciencias de esta sociedad podrida). Van saliendo cada vez menos artículos y menos opiniones sobre los niños sirios. Al cabo de otra semana el tema ya se ha olvidado, ha desaparecido para siempre, hasta nuevo aviso. Y entonces te preguntas, ingenuamente, qué hubiera pasado si saliera una información que dijera que 10.000 niños españoles pueden haber sido capturados por una banda criminal. ¿Se hubiera cuestionado la veracidad de dicha información? ¿Se hubiera olvidado la gente a la semana y media de lo sucedido? Respondes negativamente a ambas preguntas y te dices a ti mismo -porque nadie te va a escuchar, eres un don nadie- “cuánto hay que cambiar”. Metes la llave en la cerradura de tu casa. Cenas. Te pones el pijama. Te duermes plácidamente.




sábado, 6 de febrero de 2016

Nunca más




  

Que no os habíais enterado, que llevamos 38 años de algo que no era una democracia. Que hasta que no ha llegado Podemos al congreso, allí no había representantes del pueblo, qué va, los millones de papeletas que se han depositado a lo largo de este tiempo no valen ni para fumar. Han tenido que intervenir los profes para recordarnos que ahora ya sí, que gracias a ellos el pueblo está por fin en el congreso. Eso sí, debe ser otro pueblo que no es el español en su totalidad ya que Podemos representa sólo a unos 5 millones de españoles, los otros 15 millones desgraciadamente todavía no están representados adecuadamente.

Y es que estos especímenes no se cansan de repetirnos que “nunca más va estar España sin su gente”. Mira que me gusta la filosofía, pero esta máxima de que se hacen eco los diputados de la formación morada me deja perplejo cada vez que la escucho o leo. Básicamente porque yo no he notado que España haya estado vacío estos 38 años, mis ojos han visto a bastantes personas (y sólo llevo vividos 18). Así que no me salen bien las cuentas. Y eso que soy de Ciencias. Será que no entiendo muy bien el sentido de la metáfora. O que simplemente me parece un gilipollez. Quién sabe.

La cosa es que ésto de no tener presidente te hace sentir como si estuvieras viviendo día sí día también  en una campaña electoral continuada, aunque sin censura alguna: les estamos viendo las asquerosas tripas a nuestros amados representantes.

Sólo espero que nunca nunca nunca más vuelva a estar España sin personas. Sin su gente. Que es muy triste y muy soso todo. Aunque lo que me pregunto como buen científico es: ¿Dónde habrá estado metida toda esa gente que no ha estado en España? ¿Se formó un agujero de gusano y cambiaron de universo? ¿Les secuestró algún grupo terrorista de estos chungos? ¿O descubrieron la materia oscura y se quedaron ahí  investigándola? Supongo que nunca lo sabremos. O sí.

Quizás un día nos den una clase magistral sobre cómo pasó estos profesores tan alabados que nos han traído la democracia. En nada se pondrán a construir iglesias y panteones para que vayamos a adorarlos. Además, hay rumores de que van a inventar un nuevo día que va a ser básicamente como un domingo pero reservado para ellos. Va a estar super chuli. No os lo perdaís.



martes, 2 de febrero de 2016

Sobre niños. Y peligros.



Hace unos días un famoso torero subía una imagen con su hija en brazos toreando a un toro que fácilmente pesaba 2 veces más que ellos dos juntos. Obviamente no ha pasado nada, pero negar que el bebé corría peligro es como negar que 2+2 son 4: una gilipollez.


Pero claro, para gilipolleces, las que llovieron a continuación. Ahora lo más alarmante era esa puñetera foto, pero no por lo que pudiera haberle pasado al bebé, sino porque la gente estaba ya sacando uñas y dientes para luchar contra el enemigo a abatir, en este caso, un torero. Así, España se dividía en los que veían ese acto en algo totalmente normal y natural como beber un vaso de agua; frente a los que opinaban que eso era una barbarie y una salvajada inadmisible los los toreros son malos y bla bla bla.  Lo que la gente olvida es que este tipo de actos que afectan directamente a la salud de un menor por culpa de los padres, son mucho más comunes de lo que creemos, y por supuesto, menos mediáticos.

Por poner un ejemplo que todo el mundo habrá presenciado y que es de fácil comprensión: una pareja o familia sentada en la terraza de un bar o restaurante; cuando terminan de comer, cenar o lo que sea, la madre coge al bebé de unos escasos meses y, a la vez que le da de mamar, se fuma media cajetilla de cigarros (con o sin ayuda del padre). Esta imagen me produce exactamente los mismos miligramos de bilis que me produce la del torero, pero claro, estás hablando del tabaco, el único producto legal que, usado correctamente, puede causar la muerte. Producto cuyas empresas están mejor subvencionadas por el estado que todos los laboratorios de investigación juntos. No vayamos a hablar mal del tabaco, mejor critiquemos al torero ese imprudente que no tiene 2 dedos de frente.


Muchos de los que han criticado a Fran Rivera (merecidamente) ni se les pasa por la cabeza insultar, denigrar y cebarse de igual manera con la familia que está fumando al lado de sus hijos y seres queridos.  Básicamente porque (probablemente) puede que ellos mismos fumen, y no les interesa ni un pelo hablar de eso. Puede que hasta esos que no han tardado ni cinco milésimas de segundo en tachar de siniestro padre al diestro, se hayan fumado cientos de cajetillas en los primeros años de vida de sus queridos hijos: obviamente, no van a pisar por un juzgado ni para dar los buenos días.


Así que, estas últimas líneas se las dedico a todos esos niños (y niñas, aquí hay una perversa igualdad) que han disfrutado tanto de pequeños inhalando amoníaco, cianuro y arsénico (entre otros), pero también a todos aquellos que se lo pasaron bien jugándose su pescuezo (y el del toro) algunas cándidas tardes del año.


Porque la sociedad siga siendo así y nunca, nunca, nunca, nunca, cambie.



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