jueves, 1 de septiembre de 2016

El clima


Un día cualquiera, por ejemplo hoy, te despiertas. Te levantas de la cama y subes la persiana de tu habitación. Te parece que el mar se ha mudado al cielo. Desayunas. Escuchas la radio o ves la televisión o lees el periódico: “la gente en general está muy preocupada por el clima y dicen que cada día va  a peor por eso de que no hay gobierno”. Vuelves a mirar por la ventana para corroborarlo, pero sigues viendo que el mar cubre el cielo. Además, te preguntas cómo puede afectar el gobierno al clima. Entonces te das cuenta de que a lo mejor -y sólo a lo mejor- se están refiriendo al clima empresarial. Tú, ingenuo de pacotilla, creías que a lo mejor hoy a todos les habían cambiado algún gen en las células neuronales que rigen el cerebro que da las órdenes y determina el pensamiento y se  estaban empezando a preocupar por el medioambiente. Nada más lejos de la pura realidad. Como antes sospechabas (ahora ya casi lo afirmas dentro de tu cabeza) todas esas personitas se referían al clima del IBEX35, es decir, al importante, al real. Al de los empresarios que luego son los que empeoran el clima atmosférico, este último mucho más metafísico y metafórico, menos real.

Vivimos en una burbuja permanente, en la que se han normalizado ciertas actitudes nada deseables, como:  tirar el plástico en el papel, lo orgánico en lo inorgánico, a coger el coche para ir a sitios a donde podemos ir en bici o andando, a tirar toda nuestra mierda al mar, a gastar como locos cada uno de los combustibles que han tardado en depositarse 500 millones de años en nuestro planeta, a dejar el grifo del lavabo, de la ducha, del fregadero dado durante minutos… y sólo acabamos de empezar. Nos da igual que el cambio climático sea tan real que ya afecta a animales reales (aunque, claro, no tan reales como nosotros, los humanos). Nos resbala bastante que cada año, menos masa de agua congelada se forme en los polos; y nos la repampinfla la posibilidad de que las generaciones futuras no tengan la posibilidad de elegir si vivir o no entre mierda microscópica que ya se mete por nuestros pulmones, día a día, segundo a segundo, como un veneno invisible que asfixia las urbes.

Vuelves a mirar la ventana. Ya es de noche. Sigues pensando en lo que llevas dando vueltas todo el día. Te preguntas cómo nos preocupa tanto que un conjunto de multinacionales hayan amanecido hoy en números rojos, pero ni se nos eriza la piel el saber con meridiana certeza (así de contundente lo afirma la gran mayoría de la comunidad científica) de que lo que también está en número rojos es el futuro de millones de seres vivos y de la Tierra tal y como la conocemos. Nuestro ego y comodidad, nos impiden modificar nuestras conductas, a menos que el día de mañana salgas a la calle y vayas directo al hospital porque tus pulmones no han podido encontrar más que un par de moléculas de O2  en el aire que respiras.

Te dices que has pensado demasiado. Cenas. Te pones el pijama. Duermes.



miércoles, 29 de junio de 2016

Fumemos


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Fumemos. Fumemos mucho. Que es un derecho. ¡Entra dentro de nuestras libertades como personas humanas!

Fumemos. Fumemos hasta que nos muramos de un cáncer de pulmón, o de garganta, o de lo que le dé la gana al cuerpo. Pero fumemos, que no es gratis, pero es placentero. Fumemos hasta que no podamos parar de toser, hasta que nuestras cuerdas vocales no consigan dar con la frecuencia exacta, pero fumemos, que al fin y al cabo la vida son dos días y un cáncer se pasa más rápido que deprisa, ya lo verás.

Fumemos. Fumemos porque es algo glamuroso, algo que siempre ha ido ligado con la consecución de ciertas libertades y derechos inalienables para el ser humano. Fumemos, porque así favorecemos el crecimiento exponencial de grandes multinacionales que hacen de la enfermedad y la muerte, un negocio apabullante, el cual cada vez que crece, acapara a más niños y jóvenes que se beneficiarán de los efectos del tabaco a largo plazo.

Fumemos. Si es delante de niños, mejor. Porque así podemos dar buen ejemplo a los jóvenes,  para que no pierdan la bonita tradición de fumar, joder, que es muy importante. Fundamental, que diríamos algunos.

Fumemos, hombre ya, y fumemos cuanto más, mejor. Que esos tiquismiquis del humo que se hacen llamar “fumadores pasivos” no se quejen tanto, que al final sólo tragan un poco de arsénico, monóxido de carbono, hidrocarburos volátiles… Así que fumemo, cuándo, dónde y delante de quien nos dé la gana, porque somos personas con los mismos derechos e igual que yo respeto que tú no me generes un cáncer no fumando, tú tienes que respetar que yo sí pueda generarte un cáncer fumando delante de tuyo, dónde vamos a parar.

Fumemos, y de paso llenemos playas, montañas, ríos y campos de colillas. Contaminemos, además de al propio aire, a la Tierra en sí que últimamente está demasiado verde.

Pero sobre todo, fumemos por todas esas personas que no pueden fumar. O que fumaron y ahora no pueden. Que lo que les quede de vida les sea leve.


Porque cada vez es más cierto que  “una vida sin fumar, ni es vida ni es nada”.  ¿O no?



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martes, 21 de junio de 2016

Homeopatía: Explicación química de la memoria del agua


La Homeopatía es un método terapéutico que utiliza medicamentos homeopáticos para restablecer la salud del paciente. Recientemente varios estudios confirman que la Homeopatía tiene -casi- el rango de Ciencia, pues estudia la influencia que tiene en el ser humano ciertas sustancias con propiedades excepcionales.
Hoy vamos a explicar cómo funciona uno de los principales mecanismos que sustentan la Homeopatía:  el agua tiene “memoria”.

El agua, también llamado oxidano y conocido con la fórmula H2O, es un conjunto de moléculas que tienen una geometría angular, con el oxígeno en el centro y 2 hidrógenos a los lados, separados por un ángulo de 104,5º que se encuentran juntas entre sí. Pero, ¿cómo se explica que un conjunto de moléculas inorgánicas tenga “memoria”?.

Enlaces de hidrógeno, duran eternamente.
La razón es que dicha memoria es consecuencia de las fuerzas que se generan entre las moléculas de agua y que las cohesiona. En efecto, al igual que un sólido como la sal de mesa (NaCl) está unida por fuerzas electrostáticas entre iones de distinto signo (Na+ y Cl-), a las moléculas de agua les pasa una cosa parecido. Ésto es, las moléculas de agua tienes una zona con una densidad de carga negativa (pues el oxígeno atrae con más fuerza los electrones de enlace que los dos hidrógenos) y como el oxígeno adquiere una cierta carga negativa, los hidrógenos se vuelven un poco positivos. Así, se genera un dipolo eléctrico, que en ocasiones especiales (como en la que nos encontramos, aunque también se da en moléculas con hidrógenos unidos a nitrógeno y flúor, como en el NH3 o HF) se produce un tipo de fuerza intermolecular bastante más alta en relación con las que se dan entre moléculas polares que no cumplen ciertos requisitos (como estar unido a un H y que el átomo que esté unido sea bastante pequeño y muy electronegativo). Éste tipo de fuerzas intermoleculares, que es un tipo particular de fuerza electrostática, recibe el nombre de enlace de hidrógeno. Ésta es la razón por la cual el H2O es líquido a temperatura ambiente, y por ejemplo el H2S (siendo el azufre del mismo grupo que el oxígeno) tenga un punto de fusión mucho más bajo (pues en el ácido sulfhídrico no se producen fuerzas del tipo enlace de hidrógeno, sino de tipo dipolo-dipolo).     

Teniendo este hecho químico presente, se puede deducir fácilmente que, al igual que un circuito electrónico almacena información porque “guarda” un número de electrones, gracias a los cuales se produce una corriente eléctrica, no nos debería extrañar pensar que los electrones que intervienen en esas fuerzas intermoleculares, también contienen información, y es lo que denominamos  coloquialmente como “memoria”. Así, queda demostrado químicamente cómo una molécula inorgánica como el agua, es capaz de almacenar energía, que le podrá capacitar para recordar ciertas cosas.


Todo lo anteriormente dicho es mentira. Bueno, todo no.

Por un lado, es cierto todo lo que concierne a la explicación de cómo se dan los enlaces de hidrógeno y su fuerza relativa a otras fuerzas intermoleculares electrostáticas, así como su importancia a la hora de hacer que el agua tenga un punto de ebullición mucho más bajo del que cabría esperar, pues es una de las razones gracias a las cuales hay vida en la Tierra.

No obstante, es rigurosamente falso que se almacene algún tipo de información en esas interacciones electrostáticas por varios motivos:

  • El primero y fundamental, es que dichos enlaces de hidrógeno suelen durar unos milisegundos,  eso sí, una vez rotos, se vuelven a formar, pero puede que con una molécula distinta y durante otros pocos milisegundos; y así sucesivamente, por lo que si se guardara información, ésta estaría o creándose y destruyéndose continuamente, o pasando de una de las millones de moléculas de agua a otra que hay en unos pocos mililitros de agua.
  • En segundo lugar, es falso debido a que, aunque es cierto que es el movimiento de electrones lo que genera una cierta intensidad de corriente en un circuito que luego puede almacenar energía o información, el agua no es un circuito cerrado y no podemos imaginarnos ningún mecanismo molecular que hiciera las veces de condensador eléctrico que almacenara dicha energía.
  • En último lugar, decir que, además, no se produce ningún tipo de movimiento electrónico, lo único que hay son fuerzas atractivas entre una zona con densidad de carga negativa (en la que los electrones se acercan más, por eso lo de “negativa), y otra zona de densidad de carga negativa (debido a la ausencia más acusada de electrones porque pasan más tiempo en la otra zona). Los electrones, pues, sólo se desplazan ligeramente en lo que es la situación de enlace, pero ni mucho menos se van a dar una vuelta como sí hacen en los metales.
Como conclusión, acabar con que, desde un punto de vista químico la Homeopatía es un verdadero fraude, tanto conceptualmente como experimentalmente, pues de paso es bueno recuerdar que todavía no existe ningún estudio científico que respalde su eficacia más allá del placebo.

La desinformación de la sociedad es muy útil para atraer a gente desesperada sin ningún tipo de conocimiento químico/científico que corren a comprar homeopatía (15 euros botecito) porque están hartos de alguna dolencia. A veces, si es un simple resfriado, no es muy grave: como mucho tirarás un poco de dinero a la basura (para tomar agua con azúcar, te sale más rentable preparártelo en casa). Lo verdaderamente peligroso es que para otro tipo de enfermedades más serias, como cáncer, enfermedades cardiovasculares... haya gente que de lo desesperada que está, se quita de tratamientos médicos avalados científicamente y se pase a tomar homeopatía o algún otro tipo de pseudomedicina. Ahí es cuando llega el problema.

¿Qué se hace para evitar o minimizar este fraude? La respuesta, es tan sencilla. que es difícil responderla: Nada. La nada más absoluta. Los medios -algunos- sacan cada vez más noticias relacionadas con la pseudociencia porque eso agita las redes sociales, indigna a toda esa gente que no sabe lo que es un átomo o un electrón. Los políticos, por su parte, no hacen más que aupar la homeopatía (¿qué esperabas?) debido fundamentalmente al dinero que se saca. Quiero creer que es por dinero y no porque los políticos que nos gobiernan se crean esas chorradas.

Todo ésto debe ser tan irrelevante, que no se habla en campaña. Bueno, para ser rigurosos, no se habla tampoco en campaña, para qué nos vamos a engañar. Y merecido lo tenemos.

 
                                         





domingo, 1 de mayo de 2016

¿Qué haría hoy Don Quijote con los molinos? "Algo peor que gigantes"

Capítulo  . De cómo Don Quijote y Sancho Panza lidiaron con algo peor que gigantes.

 En ésto que fueron pasando los siglos, y Don Quijote y Sancho Panza siguieron caminando y viviendo aventuras. Hasta que llegaron al siglo XXI, y se toparon con unos seres similares a los que tiempo atrás se habían ya enfrentado...


  • Dime si miento, querido Sancho, pero lo que allí a lo lejos mis ojos ven, bien se parecen a un centenar de enormes gigantes.


  • No sé amo mío -dijo Sancho-. Ya sabe que yo no soy mucho de hacer juicios sin conocer, pero si mi memoria y sentidos no me fallan, paréceme a aquellos molinos de viento que vuesa merced un día confundió con sendos gigantes, mas no eran más que molinos de piedra.


  • De ninguna manera, mis sentidos no me fallan todavía y éstos seres son mucho más altos y de una tez más plateada. Alzaré mi lanza y atravesaré con ella a cada ser infame que se atreve a morar por estas lides a sus anchas.


 Nuestro caballero, preparándose para la batalla -una más de las tantas que ha librado- se dispuso en posición de combate. Y con tan sólo una mirada, Rocinante emprendió la marcha hacia el primero de aquellas bestias.


  • ¡Por todos los dioses! Si que tienen dura la piel estos gigantes, parece hecha del mismo metal que mi lanza.


  Seguidamente, sin pensárselo, procedió a realizar otro ataque, sin más resultado que un buen golpetazo.


  • Mi señor -dijo Sancho- ¿No será mejor ir a buscar ventura a otra parte? paréceme que estos seres están encantados o algo pues vuestras embestidas no le hacen resultado.


  • No querido Sancho, imposible, soy un caballero y como tal está marcado en las reglas de caballería que debo defender y proteger a todo el mundo que me sea posible hasta que perezca.


    Don Quijote se estaba volviendo a preparar para realizar una tercera embestida, cuando de pronto…


  • Por Dios, pare de una vez. ¡Va usted a arruinarnos el negocio! -dijo una voz que apareció de la nada-


  • Arruinaré un negocio, ¡mas salvaré decenas de vidas cuando consiga quitar el aliento a todas estas bestias!


  • Está usted loco, ésto no son bestias, son molinos de viento eólicos, producen electricidad con el viento...


  • Oh, entonces mi amigo Sancho Panza tenía razón, y ésto con que me encuentro es algo peor que gigantes, ¡es magia, hechicería!


  • Déjese de bobadas. Soy el alcalde de ésta ciudad a la que pertenecen estos molinos. Y gracias a que los pusimos, ganamos las elecciones. Ya sabe, a la gente le gusta que le digan eso de que estamos comprometidos con el medioambiente y esas chorradas, aunque luego en la práctica nos importe menos que un rábano. Así que más le vale no estropearlos o me tocará poner unos nuevos.


  • Perdóneme buen señor, pero si usted es gobernador de este territorio -inquirió Sancho- ¿no tendría para bien preocuparse un poco más de sus conciudadanos y de verdad estar un poco más preocupado por el medioambiente? Así no tendría que fingir ni...


  • Majaderías, memeces, patochadas. Yo aquí sólo he venido a hacer provecho de mi mismo en exclusiva. Pero no se preocupen, en cuanto me jubile, ya les llamo para que destruyan estos molinos que a mi ya no me harán más falta…


  En ese preciso momento, Don Quijote recuperó momentáneamente la cordura.


  • En tal caso -contestó Alonso Quijano-  ciertamente nos hemos equivocado de enemigo, compañero Sancho. Aquestos gigantes de viento que hacen de este mundo un lugar un poco más limpio no son los bellacos tras que andábamos, sino este malvado, que a costa de su propio bien es capaz de cualquier cosa… incluso el de hacer el bien al prójimo aún cuando eso es lo que más detesta. Así que, ésto es lo que haremos, nos lo llevaremos a nuestro tiempo, para que sea juzgado acorde a las leyes de caballería ordenan, y así sea ajusticiado como se merece.


  Entre Sancho y -ahora sí- Don Quijote, ataron bien al político en particular, que podría ser cualquiera en general. Y mientras caminaban, iba recordando Sancho a Don Quijote una frase que en su día salió de su boca…

  • Y es que, vuesa merced, parece que el tiempo pasa por todos menos por España. Sigue tan antigua (o nueva, depende de como lo mire), como siempre. Y qué vamos a hacer nosotros, pues cada uno es como Dios le hizo, y aún peor muchas veces.

  • Cuánta razón tienes a veces, amigo Sancho. Cuánta razón. Mas nuestro cometido es no desesperar ni decaer. Pues debemos dar un ejemplo para intentar cambiar el mundo y hacerlo un poco mejor. Que no es locura ni utopía, sino justicia.






martes, 22 de marzo de 2016

Redefiniendo, que es gerundio



Sí ya lo dijo Nietzsche. Vivimos en una sociedad con unos valores que están acabados. Obsoletos. Y cada día que pasa vemos cómo se reafirma su posición.


Porque a estas alturas, ya nos parece absolutamente normal violar las constituciones a diestro y siniestro con tal de echar a los refugiados a patadas (violando, como digo, varios artículos de esa ley que, se supone, es la más importante y bla bla bla). Pero hace unos días no se ha echado a un par de despistadillos que se han equivocado de camino al ir de vacaciones, sino a miles y miles de refugiados que huyen de la guerra y la barbarie, en definitiva, huyen de la muerte. Su desgracia es que, aunque todavía no lo saben, van de terrorista en terrorista, pues mientras que los de su tierra apretan el gatillo o lanzan el kalashnikov, aquí en Europa -donde tenemos una cultura occidental bien avanzada y esas gilipolleces que se dicen- preferimos echarles al infierno y que ya se mueran ellos solitos, sin ayuda. Pues eso, somos lo mejor de lo mejor. Totalmente diferentes y mucho más civilizados, oiga.


Mas un día de éstos te levantas tan tranquilo, desayunas…  y entonces te cuentan que los malos han vuelto a atacar. Que los terroristas de verdad (los de metralla, bomba y capucha) han montado un pifostio de la hostia relativamente cerca de dónde resides. Un atentado terrorista, lo llaman. En esos días sucesivos (no más de un par de semanas) recordarán en los telediarios lo sucedido, los políticos hablarán de que los malos no van a ganar (nunca dicen que van a perder); también firmarán -o reafirmarán- un pacto antiterroristas, que en definitiva sólo servirá para darle más caché al asunto, para hacernos creer de verdad que nosotros somos los buenos buenisérrimos de la película. Pero en realidad es pura demagogia porque ¿quién en su sano juicio está a favor del terrorismo? ¿por qué se firma un documento que es algo que es trivial? Bueno, pensándolo mejor, seguramente sea para meter miedo a los terroristas. Me imagino al líder del DAESH histriónico perdido por el asunto.

Como digo, hay que redefinir nuestros valores. Pero no maquillarlos, sino tumbarlos, aniquilarlos, y construir otros nuevos. Pues Mientras llamemos atentado terrorista a lo que ha pasado hoy, pero no así lo que hicieron nuestros queridos líderes el pasado día, nuestra moral no tendrá salvación. Y una sociedad sin moral, es como un médico sin conocimientos: nada.

viernes, 12 de febrero de 2016

Frivolidades




Un día cualquiera te levantas y un dato se estampa en tu cara dejándote nockeado: se estima que unos 10.000 niños sirios que han llegado a Europa a duras penas han sido secuestrados por una red mafiosa. Tú te tomas tu desayuno tranquilamente con la radio encendida, hasta que oyes otra cosa que te deja más absorto aún: eso de que son 10.000 niños es una falsa información que nos dan para que la sociedad se alarme.


Entonces la magdalena que estaba llegando a tu paladar se queda cinco centímetros por encima de tu taza, y tus neuronas empiezan a hacer sinapsis para que dentro de tu cerebro puedas contestar a la pregunta siguiente: ¿qué es más frívolo dar un dato estimado, o cuestionarlo alegando que en realidad pueden no ser 10.000, sino 9.367?


Entonces, vas y miras el reloj. Te tienes que marchar (para algo has madrugado, ¿no?). Pero en tu cabeza sigue navegando esa idea que has escuchado antes, y piensas en lo peligroso que es cuestionarse el número. ¿Que más darán 500 niños arriba o abajo? Lo que de verdad es terrible es que la gente centre su atención en el número y no en los niños. Que se alarmen porque “nadie tiene información suficiente como para determinar su número exacto”, y en cambio no digan nada acerca de que pueden ser 1.000 o 9.000, pero son vidas de seres humanos, ya que aunque a muchos les cueste reconocerlo, los inmigrantes no son otra especie distinta de la nuestra, tienen nuestros 46 cromosomas y todo. Ya que te has puesto irónico, te das cuenta que, de repente, todos esos periodistas que no saben lo que es una matriz o una derivada, de repente son los paladines de las matemáticas y de la pulcritud. Curioso.

Pasan los días y, como pasó con Charlie Hebdo o lo que pasó en la sala Bataclan de París, las aguas se van calmando (no las del mediterráneo en donde sigue ahogándose gente, sino la de las conciencias de esta sociedad podrida). Van saliendo cada vez menos artículos y menos opiniones sobre los niños sirios. Al cabo de otra semana el tema ya se ha olvidado, ha desaparecido para siempre, hasta nuevo aviso. Y entonces te preguntas, ingenuamente, qué hubiera pasado si saliera una información que dijera que 10.000 niños españoles pueden haber sido capturados por una banda criminal. ¿Se hubiera cuestionado la veracidad de dicha información? ¿Se hubiera olvidado la gente a la semana y media de lo sucedido? Respondes negativamente a ambas preguntas y te dices a ti mismo -porque nadie te va a escuchar, eres un don nadie- “cuánto hay que cambiar”. Metes la llave en la cerradura de tu casa. Cenas. Te pones el pijama. Te duermes plácidamente.




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