domingo, 26 de julio de 2015

Academias


La educación, aunque a algunos les cueste admitirlo, no mejora sólo con dinero. Ni con reformas que duran 6 años hechas deprisa y mal. Un ejemplo muy claro de todo ésto lo vemos en un curso: 2º de Bachillerato. No es un curso ordinario, sino que te juegas en él la entrada a la carrera que quieres pues tras el cual tendrás que hacer frente a una prueba “común”, la selectividad, diferente en cada taifa, digo comunidad autónoma. Y aquí está el tema: hay institutos en donde te preparan exclusivamente para la selectividad, mientras que otros te preparan para que puedas hacer una buena selectividad. Es un pequeño matiz: no la ven como un fin. Es muy fácil preparar a los estudiantes para un determinado tipo de examen, pero lo que están haciendo no es enseñarles a pensar por sí mismo, sino memorizar y mecanizar de una manera absurda y rocambolesca lo que tienen que hacer, como si fueran loros que se tienen que aprender una frase, o veinte mil. El gran problema está en que esos alumnos que tanto presumen de estar en un instituto “que les preparan para la PAU” no han aprendido más que a hacer un determinado modelo de examen,  y cuando llegan a la prueba de verdad, pero sobre todo cuando llegan a la universidad, lo notarán. Los correctores de PAU ya lo notan y ven la diferencia entre un alumno que sabe un poco más de lo que se pide y que ésto le ayuda a complementar y a dar un toque personal diferenciador al resto, a otro que se ha aprendido los puntos y las comas que tiene que poner cuando vaya a escribir un tema de literatura.
No entiendo cómo hay gente que alaba que les den un tema de literatura en un folio porque “es lo que piden en PAU”, que se saben el tema de Machado o Lorca pero no han leído un mísero poema suyo. Ésa es la educación que tenemos, ésa que no va a mejorar con más dinero o menos recortes, sino solamente cambiando la mentalidad utilitarista y asquerosamente pragmática de la sociedad en la que vivimos.

Ésta es la sociedad que tenemos y  paradójicamente aquellos que piden a gritos una mejor educación, rinden homenaje a esos profesores/institutos que dan lo justo y necesario, que convierten 2º de Bachillerato en una academia por y para la selectividad.
Ésta es la sociedad que tenemos, y desgraciadamente, la que nos merecemos.

lunes, 6 de julio de 2015

Héroes


Héroes. Seguro que conoces a alguno, aunque eso sí, no tienen ni capa ni disfraz, de no tener, no tienen ni poderes. Lo que les caracteriza es que han hecho cosas tela marinera. A lo mejor todavía no te viene a la cabeza ningún nombre. Te daré una pequeña pista: en una ciudad, paseando por las calles verás sus nombres escritos en la pared de algún edificio.


  Héroes, ciudadanos ejemplares.


¿Sigues sin venirte un nombre? Venga, seguro que tienes alguno en la punta de la lengua. Te daré otra pista: no sólo las calles llevan sus nombres, sino que algunos tienen hasta edificios, estatuas, monumentos y plazas. Tuvieron que ser unos fuera de serie, pensarás. Razón no te quito. Pero hay que hacer una leve distinción, pues hay diferentes tipos de “fueras de serie”: los hay encantadores y -digámoslo así- los hay “menos agradables”. ¿Sabes a quién rendimos homenaje?


La respuesta la sabe un niño de guardería. Y la verdad es que resulta paradójico que tengamos presentes cada día en nuestras ciudades a los seres más corruptos, incultos, ineptos y viles que han pasado por este país; mientras que a personas que se mataron para intentar que este país de analfabetos saliera un poco del hoyo`+, no les damos ni las gracias, es más, generalmente nos hemos encargado de que esos pocos justos en Sodoma hayan puesto la cabeza debajo del suelo antes de tiempo.


Os preguntaréis que con tanto hijo de puta que desfiló por aquí, tuvo que ser difícil la elección de a quién se hacía monumentos. Bueno, aquí para ésto  no se repara en esas cosas mundanas del dinero. Se saca de debajo de las piedras si hace falta. O debajo de los bolsillos. Por citar unas pocas de esas personas que contribuyeron a hacer a este país -lo de país también por decir algo- un poco peor, podrían ser (y lamento no nombrar a todos los sinvergüenzas): Torquemada, Cristóbal Colón, el Duque de Alba, Juan de Austria,  el Duque de Lerma, Godoy, Céa Bermúdez, Bravo Murillo, Espartero, Serrano, Cánovas, Sagasta,  etcétera, etcétera. La mayoría te salen echando un simple vistazo a las cartas del Monopoly. Y sin contar al dictadorzuelo y sus secuaces.


  Héroes, lúcidos como espejos.


No digo que sus nombres no tengan aparecer en los libros de historia ni nada por el estilo, es más, deben de aparecer. La Historia no es ni buena ni mala, en cierta medida, es como la ciencia: está ahí, inmaculada, pura, y es la gente luego la que la interpretará o dará un uso de ella que sí se podrá valorar como bueno. O como malo.


Pero con tanto héroe a quien recordar cada vez que doblamos la esquina, no quedan sitios para otros reconocimientos (menos merecidos, por supuestos). ¿Para qué vamos a tener más presentes en nuestras ciudades y vidas a personas como Bartolomé de las Casas y Jovellanos y Benito Feijoo y José Cadalso y Goya y Larra y Riego y Rosalía de Castro y Ginés de los Ríos y Joaquín Costa… No me atrevo ni a contar cuántas calles o monumentos llevan sus nombres comparados, ya no con las alimañas mencionadas antes, sino con el número que llevarán nuestros queridisérrimos reyezuelos todos, sin excepción, con placas, calles, hoteles, plazas y bustos allá por donde vayas. Gentuza como Carlos I, Felipe II, Felipe III, Carlos II, Felipe V, Carlos IV, Isabel II y Fernando VII. ¿Todos héroes?

Pues no. Todos esos, incluso los intelectuales honrados mencionados, no son los verdaderos héroes que de verdad importan. Los verdaderos héroes. Los que hacen que la sociedad vaya a mejor, sin recibir un mísero reconocimiento. Esos que en palabras de Unamuno, participarían en esa intrahistoria (“la historia no consiste en los grandes acontecimientos, sino en las anécdotas cotidianas, protagonizadas por todos”). Me  estoy refiriéndo a esos maestros y profesores que consiguen cambiar la vida de alumnos, esos médicos y enfermeros altruistas, esos deportistas, músicos, pintores, actores (de cine y teatro), escritores… etcétera, que te hacen ver el mundo de otra manera, te salvan la vida o te dan un aliciente más para vivir. Estas personas reales son de radical importancia, y en cambio el pensamiento generalizado de la sociedad es que ni existen ni han existido. Negamos su existencia, nos parecen como los reyes magos: algo ilusorio sin realidad. Nada más lejos de... la realidad. Hay héroes a cada paso que das, cada vez que cruzas la esquina o vas a cortarte el pelo. Sólo hay que identificarlos o ayudar a que se conviertan en uno. Tú mismo puedes ser un héroe, o algo mejor, hablar sobre un héroe para que pueda ayudar a otros. ¿A qué esperas?.

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