domingo, 9 de noviembre de 2014

¿Hueles el miedo?

Se huele el miedo. Cada día, a cada minuto. Distintos, únicos, pero actuando como lo que son. Miedos que paralizan, petrifican, inhiben, hacen actuar de forma precipitada a sus víctimas, les confunden, desorientan y en situaciones extremas, acaban con ella.


El miedo impregna nuestra atmósfera, constantemente, en cualquier lado, ya sea por un accidente de avión en tu ciudad, de tren, un desastre natural, un virus, o por la próxima consulta del 9N, en este último ejemplo se huele el miedo a kilómetros, el de ambos “bandos”: los que gobiernan quieren pasar de una vez el mal rato e intentar no perder votantes, pero sobre todo tienen miedo a perder sus privilegios por dejar que se realice la consulta; tampoco sacarán los tanques, por miedo al “qué dirán de mí La Merkel, El Obama y demás peña”. Al mismo tiempo, los independentistas también tienen miedo, ya que en ese estado tan ideal y utópico empezar(í)án de cero, unos tienen verdadero pavor por no saber qué hacer después de crear el país, otros tienen miedo a cagarla, mientras que algunos tienen miedo a que les prohíban sacar las urnas y el resto se cagan por la pata abajo pensando en la posibilidad de que la mayoría de catalanes, catalanas y catalanos voten un No a la independencia. El miedo forma parte de nosotros, vivimos con él, sin miedo seríamos peores de lo que ya somos, o no. La gente de a pie tenemos miedo a los exámenes, a la universidad, a una entrevista laboral, a que te despidan, a irse al extranjero, a hablar con un desconocido, a romper una ventana, a que te hagan daño, a hablar en público… Pero nuestro miedo más peligroso, el peor porque ése mismo miedo es la base sustancial de nuestra sociedad, es uno tan macabro y cínico que da miedo sólo de pensarlo, porque ahora mismo, nuestro peor miedo son los políticos. Y fíjate si tenemos o no razones para ello: nos roban, nos mienten, nos arruinan, nos venden, nos vetan o permiten según qué cosas (según su bendito criterio), nos vuelven a mentir... En cambio, ellos no tienen miedo de nosotros. Y ojo, que no estoy diciendo que no tengan miedos, por ejemplo, Zapatero tuvo miedo de decir que estábamos en crisis desde comienzos de su 2ª legislatura, Felipe González tuvo miedo de que el Referéndum de la OTAN no saliera bien, Aznar tuvo miedo (o más bien mucha jeta) de mandarnos a una guerra sádica e inmoral, Rajoy tuvo miedo de decir que chateaba con Bárcenas y de que no iba a cumplir una mierda de su programa en cuanto llegara a Moncloa, Jordi Pujol tuvo miedo de que le pillaran in fraganti defraudando a Hacienda… Como vemos los políticos no es que se libren de tener sus propios demonios, pero curiosamente, los ciudadanos no somos uno de ellos. Se preocupan por los votos, por las encuestas, por su salario, por sus coches oficiales y sus casas, por su aforamiento... pero no se preocupan por el ciudadano, en ningún sentido: ni como si fuera algo peligroso, que le generase un temor, ni como si fuera alguien a quien ayudar. No obstante, Podemos está cambiando esto, consiguiendo generarles un miedo profundo, y la verdad es que lo estoy disfrutando. Mucho. Saben cómo hacerles gritar de terror, les provocan un miedo que les vuelve locos, los hace más inútiles y torpes de lo que ya de por sí son, les está agitando sus cimientos y les hace verse como uno más de esta sociedad podrida a la que pertenecen, a la que de hecho representan y de la que alardean de su putrefacción, eso sí, hasta que ellos empiezan a descomponerse junto con el resto, entonces no les parece tan gracioso.


Espero que acaben mal, de veras, están al borde de un precipicio que ellos mismos se han cavado, y sólo les falta un pequeño empujón para no volverles a ver más. Espero que se extingan cual especie que, incapaz de adaptarse por su mala y tardía respuesta, mueran de su propio miedo, impasibles. Que queden destruidos, arrasados. Mientras, yo estaré muriéndome, pero de la risa.

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